Ayer ocurrió un hecho que me ha hecho reflexionar. Por la tarde empezó a extenderse por las redes sociales un llamamiento para la retirada de un libro de las estanterías de las librerías o centros comerciales. Era un libro polémico, pues daba consejos para "curar" la homosexualidad y su escritor hacía gala de haberse curado él mismo "con la ayuda de Dios".
En menos de cuatro horas se produjo una protesta de tal envergadura que los grandes centros comerciales optaron por dar un comunicado en el que confirmaban la retirada del libro, afirmando que no son responsables de las opiniones vertidas en los libros que comercializan. Pero, ¿realmente pueden decir tal cosa?
Por un lado, este hecho me hace reflexionar sobre la calidad moral de los empresarios. Desde mi punto de vista, no se puede vender cualquier cosa, e igual que existen farmacéuticos que se reservan el derecho de abstención a la hora de vender la píldora del día después, o médicos que se niegan a practicar un aborto porque va en contra de sus principios, ¿por qué una librería no debería negarse a comercializar libros que vayan en contra de una línea de pensamiento? Particularmente no le encuentro diferencia y si yo tuviera la gran suerte de dedicarme al negocio editorial, ni lo hubiese editado ni lo hubiese colocado en mis estanterías. Es más, ni siquiera lo hubiera encargado si algún cliente me lo hubiese solicitado. Mi respuesta hubiera sido amable, pero negativa.
Considero que todo no vale a la hora de ganar dinero y si tomas una decisión, cualquiera que sea ésta, hay que ser consecuente y aceptar lo que ésta conlleve. Las grandes librerías no pueden ahora escurrir el bulto, pues han demostrado mucha falta de principios morales al situar el dinero, las ganancias, por encima de todo lo demás. El comercio lógicamente debe buscar los beneficios, pero no a costa de todo y el que lo haga, deberá sufrir las críticas y las consecuencias de la mala reputación.
Me pareció también espectacular, por otro lado, la rapidez con que se extendió la noticia y el efecto tan inmediato que tuvo este fenómeno. Obviamente esto sólo tiene validez en cuestiones que no atañan a determinados sectores de nuestra sociedad, que son intocables, entiéndase la banca y la política. ¡Ojalá pudieran tomarse decisiones de manera tan rápida y que beneficiasen a la sociedad también en estos sectores! Pero me temo que esto no es más que una quimera y difícilmente dejará de serlo.
Creo que lo más adecuado sería que la sociedad tratase de evitar todas aquellas cuestiones que generen conflictos, rechazos, marginalidad, que no ayuden a que los adolescentes puedan superar esta etapa de su vida sin más problemas añadidos, en una palabra, todo aquello que genere intolerancia. Suficiente tenemos ya en nuestra sociedad como para no evitar un mayor daño con la "libertad de expresión" entendida erróneamente.