martes, 28 de agosto de 2012

El miedo

Qué sensación esa. Siempre se jactó de no tener miedo, más que al fuego, pero no era ni por asomo cierto. De hecho, últimamente lo había sentido en más de una ocasión y esa sensación le hacía sentir débil.

Pero, ¿qué es debilidad?: ¿sentir miedo o no ser capaz de enfrentarse a él? Obviamente no eran signos de debilidad, más bien eran señales que su corazón le enviaba, pero que no era capaz de entender. Su corazón le decía que todo aquello de donde procedían sus mayores miedos era lo que más le importaba y precisamente todo se reducía a un único temor: la pérdida.

Y anoche lo sintió de manera extrema. En esta ocasión lo había notado, ya no se comportaba como solía hacer antes, pues había construido una barrera protectora porque no quería que esta vez fuese igual que antes, sin darse cuenta de que quizá esa barrera pudiera hacer daño a los demás, o quizá se dio cuenta, pero se sentía bien al pensar que por una vez se daba prioridad. Pero ya ayer se vino abajo. ¿Se había excedido? ¿Llegaría alguna vez a encontrar el equilibrio?

No entendía bien qué había hecho mal, aunque en los segundos que duró aquella sensación de pavor hizo un repaso de todos los días juntos. Se sintió culpable y, como no sabía qué hacer o qué decir, acabó rompiendo a llorar. No eran lágrimas de angustia, eran las tan conocidas lágrimas de tristeza, del habitual final en el que poca participación le dejaban. Todo estaba ya decidido y lo único que le quedaba era la resignación. Se repetía la historia una vez más.

Pero, de repente, la luna traspasó aquel vaho que los cegaba y les envió un rayo de su luz, para que se dieran cuenta de que ella los protegía y que, tras ese cristal empañado, tenían el mundo a sus pies, que ella los había puesto en el mismo camino para que fueran juntos de la mano, porque lejos de aquella sensación de lejanía que los inundaba, en su interior estaban hechos el uno para el otro.

Y anoche durmió con una sonrisa, sin temor a la pérdida, pues lo que había perdido era el miedo.

miércoles, 22 de agosto de 2012

I cannot

Los sentimientos son contradictorios a la vez que nuevos, pues no está segura si alguna vez antes llegó a experimentar algo parecido. Hoy ha encontrado una frase, "I can't believe it", y se ha visto reflejada, pero, después de un rato, ha decidido que no es cierto: sí puede creerlo. Y esta sensación es la más nueva de todas.

Le está enseñando a creer, pues nunca creyó en algo que tuviera que ver con ella, pero lo más bonito es que él no lo sabe. Él también aprende, a su ritmo, sus lecciones, pues ella, también sin ser consciente, le está enseñando de la manera más dulce.

Los dos han acabado situándose en una nube de terciopelo, azul para ella, dorada para él, en la que les sobra espacio por todos lados pues sólo quieren pasar las horas fundidos en un abrazo. Y la nube viaja por el cielo a una velocidad vertiginosa, aunque para ellos el tiempo pasa despacio. ¡Qué distintas se ven las cosas desde allá arriba!

Y ahora que ella se siente por primera vez segura, de sí misma, de él, de la vida... de todo, ahora es el momento en el que piensa que sí se lo puede creer, que todos tenían razón cuando le decían que tuviera paciencia, que algún día llegaría. ¿Cómo puede un ser aportar tanto sin tener la más mínima conciencia de ello?

domingo, 12 de agosto de 2012

Mi parque

Va caminando hacia aquel parque que tantas veces había visto en el mapa de la ciudad donde lleva viviendo varios años, pero al que no había conseguido llegar. Desde que comenzó a habitar en este nuevo lugar, había sentido grandes deseos de visitarlo, aunque no lograba encontrar el camino y el tiempo fue perdiéndose en su búsqueda. Pero por fin llegó el momento y, aunque al inicio no tenía muy claro el camino exacto, esta vez sintió que debía seguir caminando, pese a todo.

Salir de casa le produjo cierta ansiedad: ¿adónde llegaré? ¿seré capaz de visitar mi parque? ¿es el camino correcto? ¿es cierto el deseo tan grande que tengo de visitar este parque? Todos sentimos ese desasosiego cuando tenemos incertidumbre y, especialmente, cuando vemos que uno de nuestros sueños se puede llegar a hacer realidad. Pero aún así fue capaz de superar esa sensación y cerrar la puerta con firmeza, decidida a no dejar de caminar hasta alcanzarlo.

Las primeras calles le eran familiares, pues llevaba viviendo en ellas suficientes años y podía predecir con facilidad los rostros que se cruzarían con el suyo, los gestos de aquellos que caminaban a su alrededor, los coches que estaban aparcados. Todo era igual que siempre. Ya había iniciado muchas veces este camino, aunque todas ellas acabara volviendo a casa sin haber avanzado apenas e inundada de tristeza. ¿Por qué iba a ser esta vez diferente?

Pero esta vez sí era diferente: ella misma se extrañaba de su marcha, tan lenta, pues normalmente caminaba excesivamente rápido, pero no era algo que pudiera controlar, aunque le producía, también para su sorpresa, una grata sensación de bienestar. También comenzó a notar que sus predicciones iban fallando, ya no se encontraba los mismos rostros, ni los mismos gestos o palabras, ahora ocurrían hechos insólitos, absolutamente nuevos que la animaban a continuar caminando, disfrutando de cada uno de ellos, despacio, sin prisas y sin querer saber más de lo que se le presentaba en cada momento.

Y en ello está, caminando, ha decidido que lo importante no es el parque, ni cuándo llegue, sino el camino que está recorriendo, con todas sus implicaciones. Ya lo más importante no es llegar, sólo quiere vivir esa calidez del día, ese camino por el que avanza cómoda, segura, que cada día se hace más bonito. Y hoy está ahí, en su avance, con una sonrisa que ilumina al mundo y que incluso contribuye a que el camino también sea más bonito para los demás que caminan con ella. Para él.

lunes, 6 de agosto de 2012

Puedo afirmar que llegó, no es un espejismo...

Y un día llega lo que tanto se ha hecho esperar. Y te sorprende. Justo cuando pensabas que ya no lo conseguirías, o quizá sin haber perdido todas las esperanzas, pero cuando habías asumido que no estaba para ti, que tuviste tu oportunidad y la desaprovechaste con la elección equivocada. Justo entonces, de repente, aparece y te dice: "te has equivocado, bonita, tú también tienes derecho, como todos. Sólo estaba jugando un poquito contigo, para que aprendieras que la vida no es sencilla y que si no se lucha por lo que se quiere, no se obtiene nada".

Efectivamente, así es. Si una palabra me define es la de luchadora. Aunque me queje, aunque las lágrimas me acompañen más a menudo de lo que desearía, nunca tiro la toalla y sigo para adelante, poniendo todo mi empeño en lo que quiero y en mis sueños. Y no sé si el sueño se habrá hecho realidad, pero lo que está claro es que desde que volví a España en esta última ocasión, la dirección de mi vida cambió, el karma, la racha, da igual el nombre que se le dé, pero curiosamente, después de casi cuatro meses aquí, puedo decir que las cosas de las que me quejaba, aquellas que pedía, todas han cambiado: unas han desaparecido dando paso a las otras.

Estoy expectante, en mi interior estoy sentada frente a una pantalla viendo cada imagen que se va produciendo, imágenes de una nueva película que se está escribiendo desde cero y que me está enganchando. Me encanta la intriga que cada segundo aporta, las sonrisas de sus protagonistas, el cielo azul que los inunda, la calidez de todos los diálogos que se producen. Hay momentos duros también, por supuesto, si no, sería una desdichada película a lo Meg Ryan y puedo asegurar que no es precisamente mi ilusión protagonizar una de estas historias planas y manidas.

¿Y cómo me siento? Pues como si me hubieran dado las notas de un examen: sobresaliente (con posiblidad de matrícula de honor, aunque el profesor todavía debe pensar en ello). Es la recompensa a mucho esfuerzo previo. Me lo he ganado día a día y por ello lo valoro en su justa medida y voy a disfrutarlo tratando de no pensar en esas pequeñas historias que hacen peligrar esa matrícula. 

Me debo convencer de que todo lo accesorio no debe influir en mi vida hasta el punto de dejar de disfrutar, mal que le pese a cualquier persona que me rodee y no esté implicado directamente en ello. ¿Lo conseguiré? Mal sehen...