Hoy
se ha levantado con una sonrisa. Era temprano, mucho, y el cansancio era
dominante, pero aun así, no podía evitar sonreír. Las semanas previas habían
sido complicadas: muchísimo trabajo, muchísimo estrés y un equipo de personas
en el trabajo que no habían ayudado a facilitar las cosas. Había sentido
desesperanza en más de una ocasión y había pedido a sus seres más queridos que
intentaran evitar que volviese a este trabajo.
Pero
después de tantas semanas con un estado de ánimo decadente, hoy despertaba con
una sonrisa, habida cuenta de que en unos días estaría de nuevo en los brazos
con los que llevaba soñando desde que llegó.
¿Qué
puede cambiar en la mente humana para que, sin olvidar, se puedan superar todos
los momentos difíciles y se vean las cosas desde una perspectiva positiva, en
lugar de tratar de borrarlo todo?
Pensó
que era motivo de orgullo saber que ya no ocurría como antes, donde la primera opción
ante cualquier problema era la huida: escapar hacia cualquier otro lugar y
pasar página. En esta ocasión, no quería pasar página, no quería huir, sino más
bien lo contrario, sacar provecho de los malos momentos y de la valoración
general a su trabajo.
Sintió
que había hecho bien las cosas, que su esfuerzo había contribuido al bienestar
general, a arreglar las cosas y que había muchas personas que eran conscientes
de ello y lo valoraban. Y ese sentimiento le hizo ganar fuerzas y plantearse
unas ideas que unas semanas atrás jamás se habría planteado.
Pero,
¿qué era lo más sensato en esta ocasión? Su familia no estaría muy contenta de
pensar que, lejos de alejarse, estaba realizando esfuerzos para conseguir una
mayor implicación y fue consciente de ello. ¿Qué les diría? ¿Cuál sería su reacción
al oír esa posibilidad?
La
sonrisa se fue transformando en preocupación. En el fondo todo es igual
siempre: necesita la aprobación de los que le rodean, aunque al final haga lo
que considera más conveniente. No era tanto la necesidad de aprobación, sino la
sensación de pensar que quizá se estaba equivocando, pero ¿realmente quería
dejar de intentarlo?
Si
el resto de circunstancias en la vida fueran adecuadas, no daría este paso. O ¿quizá
sí? La pasión por este trabajo es, a fin de cuentas, la única culpable de este
dilema moral, por lo que es muy probable que aun cuando las condiciones
laborales actuales fueran las idóneas, acabaría tomando este tipo de
decisiones, pues, ¿no es una señal del destino lo que ha estado viviendo? ¿No
se han cuadrado los astros para que se tercie la posibilidad? ¿Debe renunciar a
un futuro atractivo?
Finalmente
ha tomado una decisión: que sea el destino el que elija. Hay que poner todas
las cartas sobre la mesa y que una se levante a tu favor.