No sólo vuelvo a mi rinconcito, al que he apartado de mi rutina diaria durante algo más de un mes, también vuelvo al lugar donde me están esperando experiencias nuevas, mucho aprendizaje y un sinfín de historias que ocuparán interminables horas de mis deliciosas conversaciones skypeanas.
Estoy deseando volver, para abrazar, para comprobar, para sonreírle, para salir de dudas y para pasar página o empezar a escribir el nuevo libro. Esta incertidumbre de mes y medio no ha calado en mí de manera negativa, ha ido más bien perfilando sonrisas en cada momento en el que aparecía su rostro en mi imaginación, juguetona compañera que con tanta frecuencia le gusta recordar momentos especiales y adornarlos con una continuación ideal, no ocurrida, pero que no por ello deja de producirme el mayor de los deleites.
¿Qué me depararán estos meses en Heidelberg? En poco más de una semana lo sabré y empezaré a disfrutarlo, independientemente de lo que sea, porque estoy convencida de que todo, absolutamente todo, ocurre para aportarnos algo positivo en nuestra vida, aunque lo percibamos de manera contraria. He aprendido en mi corta y larga vida al mismo tiempo, que las mayores desgracias, y de estas puedo hablar por haber tenido diversas experiencias que se pudieran calificar como tal, pueden llegar a ser las mayores bendiciones.
Siempre comparo la vida, o más bien las experiencias que se van sucediendo en ella, con un parto. Si escuchamos la palabra parto, lo lógico será tener un primer pensamiento positivo: el nacimiento de un nuevo ser que, aun en los casos de bebés no deseados, produce tanta ternura por encontrarse tan desvalido que no se puede evitar esbozar una sonrisa. Sin embargo, para llegar a acunar en nuestros brazos a un recién nacido y disfrutar así de ese momento de inicio vital, su madre ha tenido que pasar por un trance más o menos doloroso, dependiendo de las circunstancias y del nivel de asunción del dolor de cada mujer, pero que al fin y al cabo, no es fácil ni placentero. Pero parece ser que al final merece la pena.
Pues la vida es así, cada experiencia positiva requiere un esfuerzo previo, unas molestias, supongo que para que no sólo disfrutemos de ellas, sino que aprendamos algo en el camino, el cual es tan satisfactorio, o incluso más, que el resultado final.
Eso sí, mi parto se está prolongando más de lo que me gustaría. Quizá sea porque no he sabido encontrar todavía la lección a aprender y aún no estoy preparada para sostener en mis brazos al nuevo "bebé". Quizá porque me haya entretenido con otras cosas y no me haya concentrado en el acto de parir. Sea cual sea la razón, creo que ya va siendo hora de salir de este hospital y volver a casita con mi niño en mis brazos.
Volver... y a casita...
No hay comentarios:
Publicar un comentario