martes, 4 de octubre de 2011

¿Compartir la felicidad?

A veces me pregunto porqué me entra más inspiración cuando estoy en momentos difíciles. Es en esas épocas cuando mi cabeza necesita sentarse delante de esta pantalla y comenzar a escribir, imagino que con la secreta esperanza de expulsar todo aquello que llega a hacer daño. Sin embargo, cuando la vida me hace sonreír, se me olvida el inmenso placer de la escritura.

¿Debo pensar que compartir las alegrías hace feliz a los demás? La realidad me hace pensar que no siempre es así. A veces siento que si comparto un momento de felicidad, recibiré una respuesta agradable, pero falsa. Es muy triste, pero no menos cierto que para algunas personas el éxito de los demás supone un fracaso personal, lo cual no supone más que un gran absurdo, ya que los éxitos personales no son más que éxitos para uno mismo y no influyen en los fracasos ajenos, con lo cual, la única opción coherente sería la de alegrarse del bienestar de todos aquellos que nos rodean: cuanto más feliz sean las personas que habiten el mundo, mejor será éste.

Pero cuesta un trabajo inmenso huir de la envidia, que genera una negatividad preocupante. ¿Por qué siempre queremos lo que tienen los demás? La felicidad es muy relativa, podemos estar radiantes un día, porque algo nos ha salido bien o hemos tenido una buena noticia, pero eso no quiere decir que nuestra vida sea un camino de rosas, por lo tanto, volvemos de nuevo a caer en el absurdo si ansiamos lo que los demás tienen, ya que quizá si analizamos el conjunto de su existencia podríamos dejar de desear cambiar la nuestra.

Ese es el problema principal: tener una visión reducida y no ampliarla al conjunto. Ese y no saber disfrutar de cada pequeño detalle de nuestra existencia. 

Quizá el secreto sea empezar a ver en los triunfos de los que nos importan nuestros propios triunfos, en compartir con una sonrisa todo aquello positivo en la vida de los demás, porque si los que nos rodean están felices, nosotros también lo estaremos, y llegará un momento en que seamos nosotros los que compartamos los pequeños caramelos que nos vamos encontrando por nuestro camino y que nos endulzan nuestra existencia, la nuestra y la de todos aquellos que nos quieren incondicionalmente.