Después de unos cuantos días de ausencia bloguera, hoy vuelvo a mi rinconcito. Hoy es un gran día, por ninguna razón en especial y por todas. Porque la vida no es fácil, para nadie, aunque a primera vista nos pueda parecer lo contrario, pero si escarbamos un poquito y dejamos de limitarnos a la superficie, veremos que todo el mundo tiene alguna faceta en su vida que le hace más complicado seguir caminando, aunque lo haga, con sonrisa o sin ella, porque hay personas que aun en la adversidad, se crecen de tal manera que son capaces hasta de mostrar la mejor de sus sonrisas. A estas personas las admiro.
Pero también es cierto que aunque la vida sea complicada, de vez en cuando aparecen ráfagas de viento fresco, con un olor maravilloso, que te hace cerrar los ojos, respirar profundamente y evadirte por unos instantes. Yo he aprendido a disfrutar estas sensaciones aun con las ráfagas que les llegan a los más cercanos a mí, y he llegado a ser capaz de sentirlas como mías, compartiendo esa emoción profunda que imagino que una madre siente con las alegrías de su hijo. No sé cómo lo he conseguido, porque no he hecho nada por ello, pero creo que el secreto está en amar por encima de todas las cosas, a pesar de todo, y de manera incondicional.
Así quiero yo a determinadas personas que la vida tuvo a bien poner en mi camino, y no me refiero ya a mi familia, a la que adoro con todo mi ser, sino a estas personas que me conceden la grandeza de compartir sus vidas conmigo y así dejarme participar de cada momento de felicidad que puedan llegar a vivir. Desgraciadamente sus vidas tampoco son fáciles, pero justo en los últimos días han percibido esas ráfagas frescas, cargadas de un aroma maravilloso y ahora me hablan con una sonrisa sincera y que nace del corazón.
Ojalá pudiera yo hacerles vibrar a ellos con mis alegrías en el modo en que yo lo hago con las suyas.
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