El título de esta entrada es parte de un poema que acabo de escuchar, que afirma que lo más parecido a la felicidad con minúscula (pues con mayúsculas no existe) es la soledad, porque después de las grandes situaciones llega la soledad.
Es posible que sea cierto, que cuando algo acaba, aparece la soledad, de manera más o menos prolongada en el tiempo, pero ¿qué es la soledad? No podría asimilar mi concepto de soledad con el de la felicidad, quizá porque mi periodo de soledad se ha extendido de manera excesiva. Para mí la soledad no es estar rodeado de gente, no es no tener a quien llamar para tomar un café o ir a dar un paseo, para mí la soledad es no tener a nadie que te ame, que piense en ti, o, especialmente, alguien en quien pensar y a quien amar. Para mí la existencia de esas personas que pueblan nuestras vidas de manera temporal y superficial, sin sentimientos detrás, no eliminan el sentimiento de soledad, ni siquiera lo mitigan, quizá lleguen a producir el efecto contrario.
Hay momentos en la vida en los que toca lidiar con situaciones complicadas, como vivir en una ciudad desconocida, en un país desconocido, geográficamente lejos de todo aquel que nos profesa amor; pero aún en esas condiciones de aparente soledad, uno puede no sentirse solo. Y probablemente sea por sentir un gran amor procedente de determinadas personas lo que hace que se eliminen las distancias físicas y sólo existan energías que caminan juntas por la vida.
Ha salido el sol y me está invitando a caminar por la vida. ¿Sola? No lo sé, quizá aunque simplemente sea por los personajes de un libro que se han vuelto mis últimos compañeros de viaje, no iré sola y eso me hace sentir bien.
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