Hoy ni siquiera esas gotas de lluvia que han decidido compartir este espacio del mundo conmigo me hacen dejar de sonreír. Si miro a través de la enorme ventana de mi habitación, veo el cielo gris, en muy distintos tonos, pero si miro aquí dentro también veo mi camisa gris, que no por su color deja de ser una de mis favoritas.
Estos días son los que me hacen comprender que el prisma desde el que nos tomemos la vida es fundamental para sonreír o, por el contrario, dejar que esas gotas de lluvia entren en lo más profundo de nuestro corazón y recorran el camino hacia nuestras mejillas dejándonos un semblante triste.
Todo es relativo, hasta lo más gris. Todo nos puede hacer sonreír, incluso lo más triste. Y hasta las personas más pesimistas, pueden encontrar el motivo para sonreír y hacer feliz al que les rodea compartiendo esa mirada alegre.
¿Es posible que pueda llegar a ser la causa de que cierta persona salga de la apatía? ¿Es posible que la vida me conceda ese inmenso placer? Ansío abrazar la vida, aun con las pocas cosas que esté dispuesta a regalarme en estos momentos. Sé que es un juego y me apetece jugar a encontrar mi sitio, aunque me cuesta más de lo que a veces podría ser divertido. Pero hoy quiero jugar, hoy quiero decirte que sigas dándome pistas y nos divirtamos las dos en el camino.
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