Y volvió, no sin antes descansar unos instantes en su viaje, el tiempo justo para encontrarlo. Llevaba tiempo buscándolo y allí estaba, delante de sus ojos. Y había estado ahí desde hacía mucho tiempo, aunque hasta entonces no se había parado a mirar.
Pero le entró miedo y no lo recuperó, pensó que era mejor aferrarse a esa idea que había ido formando en su cabeza durante algún tiempo. Ésta le proporcionaba la seguridad de lo conocido y no el vértigo de lo desconocido, aunque hubiera temblado de emoción al encontrarlo. Así que siguió su camino dejándolo apartado, se había fijado un destino y se había imaginado que allí le esperaba su vida futura, aunque eso tampoco lo tenía muy claro, porque llevaba un tiempo debatiéndose entre esta ilusión y la intuición de que su tiempo allá estaba próximo a un fin. Como siempre, se quedaba con los pensamientos y sensaciones positivas, o que creía que eran positivas, y descartaba el resto. Así era todo más fácil.
Al llegar se encontró la lluvia, las nubes de un tono gris sombrío rodearon su existencia y sintió frío. Ya no sentía las mismas sensaciones que las dos veces anteriores, se sentía una extraña, ahora que tan bien conocía el destino. Su sonrisa desapareció y de repente vio aparecer algunas lágrimas en su rostro, sin entender bien qué le hacía llorar.
A los tres días lo entendió: debió haberse parado, recoger lo que llevaba buscando, y tomar otro camino. Pero pensó que no era tarde, que podía disfrutar de su elección final, que nunca es equivocada, aprender de ella y tomar un nuevo rumbo que le llevase a nuevas experiencias.
Quizá aún podía aprovechar la oportunidad que le estaba brindando la vida... y a ello se lanzó.
Carmen, ¿eres tú? En la foto no se te ve con claridad, pero yo diría que eres tú...
ResponderEliminar