lunes, 6 de agosto de 2012

Puedo afirmar que llegó, no es un espejismo...

Y un día llega lo que tanto se ha hecho esperar. Y te sorprende. Justo cuando pensabas que ya no lo conseguirías, o quizá sin haber perdido todas las esperanzas, pero cuando habías asumido que no estaba para ti, que tuviste tu oportunidad y la desaprovechaste con la elección equivocada. Justo entonces, de repente, aparece y te dice: "te has equivocado, bonita, tú también tienes derecho, como todos. Sólo estaba jugando un poquito contigo, para que aprendieras que la vida no es sencilla y que si no se lucha por lo que se quiere, no se obtiene nada".

Efectivamente, así es. Si una palabra me define es la de luchadora. Aunque me queje, aunque las lágrimas me acompañen más a menudo de lo que desearía, nunca tiro la toalla y sigo para adelante, poniendo todo mi empeño en lo que quiero y en mis sueños. Y no sé si el sueño se habrá hecho realidad, pero lo que está claro es que desde que volví a España en esta última ocasión, la dirección de mi vida cambió, el karma, la racha, da igual el nombre que se le dé, pero curiosamente, después de casi cuatro meses aquí, puedo decir que las cosas de las que me quejaba, aquellas que pedía, todas han cambiado: unas han desaparecido dando paso a las otras.

Estoy expectante, en mi interior estoy sentada frente a una pantalla viendo cada imagen que se va produciendo, imágenes de una nueva película que se está escribiendo desde cero y que me está enganchando. Me encanta la intriga que cada segundo aporta, las sonrisas de sus protagonistas, el cielo azul que los inunda, la calidez de todos los diálogos que se producen. Hay momentos duros también, por supuesto, si no, sería una desdichada película a lo Meg Ryan y puedo asegurar que no es precisamente mi ilusión protagonizar una de estas historias planas y manidas.

¿Y cómo me siento? Pues como si me hubieran dado las notas de un examen: sobresaliente (con posiblidad de matrícula de honor, aunque el profesor todavía debe pensar en ello). Es la recompensa a mucho esfuerzo previo. Me lo he ganado día a día y por ello lo valoro en su justa medida y voy a disfrutarlo tratando de no pensar en esas pequeñas historias que hacen peligrar esa matrícula. 

Me debo convencer de que todo lo accesorio no debe influir en mi vida hasta el punto de dejar de disfrutar, mal que le pese a cualquier persona que me rodee y no esté implicado directamente en ello. ¿Lo conseguiré? Mal sehen...

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