domingo, 12 de agosto de 2012

Mi parque

Va caminando hacia aquel parque que tantas veces había visto en el mapa de la ciudad donde lleva viviendo varios años, pero al que no había conseguido llegar. Desde que comenzó a habitar en este nuevo lugar, había sentido grandes deseos de visitarlo, aunque no lograba encontrar el camino y el tiempo fue perdiéndose en su búsqueda. Pero por fin llegó el momento y, aunque al inicio no tenía muy claro el camino exacto, esta vez sintió que debía seguir caminando, pese a todo.

Salir de casa le produjo cierta ansiedad: ¿adónde llegaré? ¿seré capaz de visitar mi parque? ¿es el camino correcto? ¿es cierto el deseo tan grande que tengo de visitar este parque? Todos sentimos ese desasosiego cuando tenemos incertidumbre y, especialmente, cuando vemos que uno de nuestros sueños se puede llegar a hacer realidad. Pero aún así fue capaz de superar esa sensación y cerrar la puerta con firmeza, decidida a no dejar de caminar hasta alcanzarlo.

Las primeras calles le eran familiares, pues llevaba viviendo en ellas suficientes años y podía predecir con facilidad los rostros que se cruzarían con el suyo, los gestos de aquellos que caminaban a su alrededor, los coches que estaban aparcados. Todo era igual que siempre. Ya había iniciado muchas veces este camino, aunque todas ellas acabara volviendo a casa sin haber avanzado apenas e inundada de tristeza. ¿Por qué iba a ser esta vez diferente?

Pero esta vez sí era diferente: ella misma se extrañaba de su marcha, tan lenta, pues normalmente caminaba excesivamente rápido, pero no era algo que pudiera controlar, aunque le producía, también para su sorpresa, una grata sensación de bienestar. También comenzó a notar que sus predicciones iban fallando, ya no se encontraba los mismos rostros, ni los mismos gestos o palabras, ahora ocurrían hechos insólitos, absolutamente nuevos que la animaban a continuar caminando, disfrutando de cada uno de ellos, despacio, sin prisas y sin querer saber más de lo que se le presentaba en cada momento.

Y en ello está, caminando, ha decidido que lo importante no es el parque, ni cuándo llegue, sino el camino que está recorriendo, con todas sus implicaciones. Ya lo más importante no es llegar, sólo quiere vivir esa calidez del día, ese camino por el que avanza cómoda, segura, que cada día se hace más bonito. Y hoy está ahí, en su avance, con una sonrisa que ilumina al mundo y que incluso contribuye a que el camino también sea más bonito para los demás que caminan con ella. Para él.

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