miércoles, 12 de junio de 2024

Reto 5. El liguero colgaba de la lámpara

 

Al entrar, Julián supo que alguien desconocido había estado allí. Parecía todo igual que cuando salió de casa, pero notaba algo: le gustaban los cuadros no alineados y los de la entrada estaban bien colocados; la camita de Peque no estaba en la esquina habitual y llevaba dos días en casa de la abuela… «¿Me estoy volviendo loco o alguien ha entrado en mi casa? ¿Seguirá aquí…?».

Permaneció unos instantes en la entrada, sin hacer ruido y sin siquiera pensar, tratando de oír cualquier sonido que fuera distinto a lo habitual. Pasado un tiempo razonable, decidió que no había nadie y que debía entrar, quizá fueran solo imaginaciones suyas.

El salón estaba impecable, como solía dejarlo al irse, y no parecía que nada estuviera fuera de su lugar. Eso lo relajó. La cocina igual… Probablemente mamá habría colocado bien los cuadros el domingo, cuando fue a visitarlo, y hasta ahora no se había dado cuenta. Y la camita seguramente la habría movido él sin darse cuenta, ya que estaba junto a la puerta. ¿No había salido con prisas esta mañana? Qué tonto se sentía por haber tenido miedo.

Se preparó un sándwich rápido, se echó algo de vino en una copa y le pidió a Alexa que le pusiera la música que le gusta. Disfrutaba mucho con la recopilación de canciones que había conseguido formar durante el último año, así que, entre bocado y sorbo de vino, salieron algunas notas de su garganta.

Cuando terminó su sándwich, se fue a su habitación para cambiarse de ropa. Estaba muy cansado después de todo el día en la oficina. Se quitó la chaqueta, la echó en la cama, se quitó los pantalones y, al ir a colgarlos en el armario, ¡zas! el liguero colgaba de la lámpara.

Se quedó paralizado, pues era el liguero que le había regalado a Marisol, su prometida, una semana antes de la boda, hacía ya quince años. Boda que nunca pudo producirse porque Marisol murió de un ictus fulminante dos días antes de la celebración.

¿Quién lo había puesto allí? ¿Cómo había llegado hasta su casa si los padres de Marisol habían quemado, literalmente, todas sus pertenencias, incluido, si no recordaba mal, aquel liguero que tantas risas les había causado…

―¿Mmm…Ma…Marisol? ¿Eh… eres tú? ―preguntó, con media voz, tratando de no sucumbir al espanto que sentía.

Nadie respondió. Nada ocurrió. ¿Qué le estaba pasando? No creía en estas bobadas de los espíritus, nunca había visto o sentido nada y solía reírse de quienes tenían miedo. Pero… es que… ¿qué hacía allí el liguero?

Tras un rato paralizado, consiguió recomponerse, recogió la ropa, se lavó los dientes y se acostó. Le costó dormirse, pero el cansancio acumulado ayudó en la tarea y acabó sucumbiendo.

A la mañana siguiente, se despertó aturdido, miró rápidamente a la lámpara y allí seguía el liguero. No había sido una mala pesadilla.

Fue a la cocina a desayunar, cogió el móvil, que estaba apagado porque había olvidado ponerlo a cargar, lo encendió y recibió un mensaje de Juan, su hermano pequeño:

Juliiii, ayer ligué! No te imaginas qué chica!

Gracias por dejarme tu piso! (ya, no te lo pedí, pero sé que me hubieras dicho que sí, para eso me diste tu llave hace tanto! Jajajaja)

Ya te enseñaré fotos!

Julián volvió a respirar.

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