El título de esta nueva entrada no es más que el que me gustaría que tuviera este nuevo capítulo en mi vida, que aún no sé con certeza si se va a iniciar o si, por el contrario, se quedará en la imaginación.
Hace pocos días que he comenzado a darle vueltas a este nuevo guión que surgió de la nada, por casualidad y sin que me diera cuenta, pero en el que me he sumergido totalmente y en el que me encuentro excesivamente bien. Voy escribiendo las páginas poco a poco o, al menos, esa es la sensación que tengo, pero si lo analizo con toda la frialdad que la situación me permite, no puedo afirmar que vaya precisamente despacio.
Y a mí no me importa ir rápido, pues desde que cumplí un año de edad y decidí empezar a caminar sola por este mundo, empecé a acostumbrarme a las grandes velocidades, la mayoría de las cuales generadas por mí misma. Sin embargo, el bolígrafo que me acompaña en mi historia, el papel que dará sostén a las palabras, éstas mismas, todos se quejan. A todos ellos les gusta el guión, les agrada que lo esté escribiendo, pero se sienten apabullados con el gran número de ideas y palabras que quiero escribir de golpe, así que tengo que frenarme para permitir que cada uno lleve su ritmo.
Pero no es fácil para mí, aunque siento miedo de que si no freno se pondrán en huelga y no querrán escribir más o, aún peor, decidirán abandonarme una noche mientras esté dormida y mi guión acabará en ese momento. No quiero que ello ocurra, pues me gustaría al menos comenzarlo y dar forma a las palabras para que expresen una historia que aún no está ni siquiera en los pensamientos, o quizá sólo en los míos. Pero sé que no depende sólo de mí, depende de los dos indios, con sus gustos opuestos; depende de que consiga adaptarme a su ritmo y ellos al mío, depende de que queramos seguir juntos aunque al principio las cosas pinten difíciles.
Yo estoy dispuesta, ahora sólo me falta saber la opinión de ellos.
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